El Ejército ya está preparando una transición suave desde el dominio de Mubarak a la de otra mascarada del capital, la oposición está siendo canalizada a mítines ordenados supervisados por la policía que hacen demandas políticas insignificantes.

El imperialismo se regocija con otra ola de levantamientos democráticos, como aquellos que llevaron al hundimiento del Bloque del Este, claramente esperando que la caída de dictadores escleróticos que dirigen los países árabes deje intacta la dictadura universal del mercado.

Los sucesos épicos de África del Norte suministran lecciones estratégicas para los revolucionarios de todas partes.

La insurrección de masas sólo puede producir una ruptura en la reproducción de las relaciones capitalistas de producción si la clase está organizada como partido para la imposición del programa comunista, la destrucción de la economía y el Estado por la fuerza coordinada del proletariado.

En ausencia de fracciones comunistas combatientes capaces de actuar decisivamente para impulsar la revuelta más allá de los límites establecidos por el Estado burgués y sus agentes democráticos y fascistas entre las masas, la sangre de los insurgentes solo será cemento para la reestructuración del Estado capitalista y una nueva fase de miseria y degradación.

Hemos visto esta tragedia llevarse a cabo una y otra vez en Sudáfrica, Irán, Centroamérica y a través del mundo.

La única solidaridad auténtica con los heroicos combatientes de El Cairo y Túnez es la lucha por organizar el partido autónomo del proletariado, afuera y en contra del Estado burgués, sus normas legales, su hegemonía cultural y sus apéndices sindicales y ONGs.

traduccion comunicado 1 de febrero